El transporte de mercancías por carretera afronta las campañas de Black Friday y Navidad con una creciente presión sobre sus costes. El aumento del precio del gasóleo, que representa alrededor del 40% de los gastos de explotación, amenaza la rentabilidad de las empresas justo cuando deben prepararse para uno de los periodos de mayor actividad del año.
El precio del gasóleo ha pasado de unos 1,44 euros por litro al inicio del conflicto en Oriente Medio, en febrero, a cerca de 1,93 euros. Esta evolución supone un encarecimiento superior al 30%, aunque las patronales sitúan el incremento por encima del 40% en función de la referencia temporal utilizada.
Para las empresas transportistas, la repercusión es inmediata. Un camión pesado dedicado a la larga distancia consume más de 4.000 litros mensuales, por lo que la subida del carburante incrementa de forma considerable el desembolso necesario para mantener su actividad. A esta situación se suma el encarecimiento del gas natural utilizado por parte de las flotas de vehículos pesados.
Las bonificaciones decrecientes generan preocupación
El Gobierno aprobó a finales de septiembre un paquete de bonificaciones para el último trimestre del año. El esquema anunciado contempla una reducción del Impuesto Especial de Hidrocarburos equivalente a 20 céntimos por litro en octubre, 13 céntimos en noviembre y seis céntimos en diciembre.
Sin embargo, estas medidas no convencen al sector. La Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM) reclama que las compensaciones respondan a la evolución real del precio del combustible, de manera que el apoyo se corresponda con los costes que soportan las empresas.
La patronal también denuncia que parte de los transportistas todavía no ha cobrado ayudas de paquetes anteriores. Los retrasos añaden presión a unas empresas que deben seguir adelantando el pago del carburante para realizar sus servicios.
Más actividad y mayores costes durante la campaña comercial
El aumento del gasóleo coincide con la preparación de las campañas de Black Friday y Navidad, dos momentos clave para el transporte y la distribución por el crecimiento de las compras y los envíos.
Durante estas semanas, las empresas deben reforzar sus operaciones, gestionar un mayor volumen de mercancías y responder a plazos de entrega ajustados. El encarecimiento energético eleva el coste de ese esfuerzo y complica la planificación económica de la campaña.
La presión alcanza tanto a los servicios de larga distancia como al reparto de última milla. Aunque sus operaciones son distintas, ambos afrontan una mayor factura de combustible en un periodo de elevada exigencia para la cadena de suministro.
La dificultad para repercutir los sobrecostes estrecha los márgenes
La competencia y las exigencias de los clientes limitan la capacidad de trasladar inmediatamente el aumento de los costes a las tarifas. Esto obliga a las empresas a asumir, al menos mientras no se actualicen los precios de sus servicios, una mayor carga económica.
La combinación de combustible más caro, bonificaciones decrecientes y dificultades para repercutir los sobrecostes amenaza los márgenes de transportistas, operadores logísticos y empresas de paquetería. También afecta a los transportistas subcontratados que participan en la distribución.
El sector encara así una campaña en la que el incremento de la actividad no garantiza una mejora de la rentabilidad. El precio del carburante y la capacidad de adaptar las tarifas serán determinantes para que el aumento de los envíos no se traduzca en una mayor presión sobre las cuentas de las empresas.
