Los transportistas vascos se plantean parar los camiones por la escalada del diésel: hasta 2.000 euros más al mes

El encarecimiento del diésel vuelve a poner contra las cuerdas al transporte de mercancías por carretera en Euskadi. Los profesionales del sector alertan de que el incremento del combustible está reduciendo sus márgenes hasta el punto de que mantener algunos camiones en circulación puede dejar de ser rentable, con sobrecostes que llegan a los 2.000 euros mensuales por vehículo en el transporte internacional.

El combustible se ha convertido de nuevo en una de las principales preocupaciones para autónomos y empresas de transporte. La escalada registrada durante los últimos meses está teniendo un impacto directo sobre unos costes de explotación en los que el gasóleo tiene un peso especialmente importante.

La asociación guipuzcoana Guitrans ya había advertido a finales de mayo de la magnitud del problema. Su presidente, Javier Ortega, cifró entonces en cerca de un 40% la subida del gasóleo, aunque señaló que durante algunas semanas de marzo y abril el incremento había llegado a superar el 50%.

El impacto sobre cada vehículo es considerable. Según los cálculos expuestos por la organización, el encarecimiento supone aproximadamente 1.600 euros adicionales al mes para un camión dedicado al transporte nacional y hasta 2.000 euros mensuales en transporte internacional.

Ante este escenario, la capacidad de las empresas para absorber el incremento es cada vez menor. Guitrans ha insistido en la necesidad de trasladar la evolución del combustible al precio de los servicios de transporte. «Si no repercutimos, cerramos», llegó a advertir la patronal guipuzcoana al analizar las consecuencias de la subida del gasóleo.

El deterioro de la rentabilidad está llevando a algunos profesionales a plantearse una decisión especialmente delicada: dejar el camión parado si los ingresos obtenidos por los portes no permiten cubrir los costes.

La situación ya tiene efectos sobre la actividad. Transportistas consultados en Euskadi han advertido de que algunos profesionales han optado por inmovilizar temporalmente sus vehículos porque continuar trabajando supone asumir pérdidas.

El transportista vitoriano Aitor Ortego resumía recientemente el problema al cuestionar la eficacia de las ayudas frente a la magnitud de la subida: «Si te doy 20 céntimos y subo 50, el transportista tiene que seguir poniendo dinero».

La advertencia refleja uno de los principales problemas que afronta el transporte por carretera: aunque existan mecanismos para compensar parcialmente el encarecimiento del carburante, si el coste final continúa aumentando y ese incremento no puede repercutirse en los precios del transporte, los márgenes terminan desapareciendo.

El Gobierno ha mantenido durante el verano diferentes medidas para contener el impacto de la energía sobre el transporte profesional. El sistema previsto para julio, agosto y septiembre combina las ayudas al gasóleo profesional con la reducción del Impuesto sobre Hidrocarburos, con el objetivo de alcanzar un alivio equivalente a 20 céntimos por litro para los transportistas acogidos al mecanismo.

Sin embargo, en Euskadi existe además un problema añadido relacionado con los plazos de cobro. Al tener transferidas las competencias tributarias, la gestión de estas ayudas corresponde a las Haciendas Forales y no a la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT).

La publicación posterior de los modelos de declaración responsable necesarios para solicitar las ayudas provocó un desfase respecto al régimen común. Según Fenadismer, los profesionales del País Vasco y Navarra han tenido que esperar alrededor de un mes más para iniciar los trámites, retrasando también la llegada efectiva del dinero a empresas y autónomos.

La preocupación del sector no se limita, por tanto, al precio que marca el surtidor. La combinación entre combustibles caros, dificultades para repercutir los incrementos al cargador y retrasos en las ayudas está tensionando la tesorería de numerosas empresas y autónomos.

Para un sector con márgenes ajustados y un elevado nivel de costes fijos, asumir hasta 2.000 euros adicionales cada mes por camión puede marcar la diferencia entre mantener un vehículo operativo o dejarlo estacionado.

Los transportistas vascos vuelven así a poner el foco sobre una cuestión que consideran esencial: que el precio de los servicios evolucione de acuerdo con los costes reales de explotación. Mientras el diésel continúe en niveles elevados, la posibilidad de parar camiones antes que trabajar a pérdidas seguirá sobre la mesa.

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