La inteligencia artificial transforma el transporte por carretera, pero el factor humano seguirá siendo clave

La inteligencia artificial, la automatización y la conectividad están cambiando la forma de gestionar el transporte por carretera, desde la planificación de rutas hasta el mantenimiento de los vehículos. Sin embargo, la IRU considera que la evolución tecnológica deberá ir acompañada de estándares comunes, una regulación clara y un enfoque que mantenga a las personas en el centro de las operaciones.

La incorporación de la inteligencia artificial al transporte de mercancías por carretera no es únicamente una cuestión de futuro. Estas tecnologías ya pueden utilizarse en diferentes ámbitos de la actividad diaria de las empresas y los gestores de flotas.

Entre sus aplicaciones se encuentran la optimización de rutas, el aprovechamiento de los vehículos, la reducción del consumo energético, la asignación de servicios y la planificación de las operaciones.

También cobra importancia el mantenimiento predictivo. El análisis de los datos generados por los vehículos permite detectar posibles fallos antes de que terminen provocando una avería, ayudando así a reducir los tiempos de inmovilización de los camiones.

A ello se suma el uso de información en tiempo real para mejorar el conocimiento de lo que ocurre en la carretera, la seguridad y la gestión del tráfico, con posibilidades para reducir la congestión, las emisiones y los tiempos de viaje.

Uno de los grandes retos será conseguir que los diferentes elementos que forman parte de la cadena de transporte puedan comunicarse entre sí. La extensión de estas tecnologías requiere que vehículos, flotas, gestores de infraestructuras y plataformas logísticas puedan intercambiar información de forma compatible y segura.

Durante la Global Mobility Conference 2026 celebrada en Seúl, el presidente de la IRU, Radu Dinescu, señaló cuatro aspectos fundamentales para avanzar hacia un transporte más conectado: estándares comunes de datos e interoperabilidad, una gobernanza fiable y responsabilidades claras, cooperación público-privada y una implantación centrada en las personas.

«La inteligencia artificial será un elemento clave para conectar vehículos, infraestructuras y operaciones logísticas y mejorar la eficiencia», defendió Dinescu, destacando al mismo tiempo la necesidad de mantener un enfoque centrado en las personas.

Una mayor digitalización implica también nuevos desafíos para las empresas de transporte. La ciberseguridad será especialmente relevante a medida que los vehículos y los sistemas de gestión estén cada vez más conectados. Del mismo modo, será necesario determinar con claridad quién asume la responsabilidad cuando una herramienta basada en inteligencia artificial interviene en determinadas decisiones operativas.

La IRU también destaca la importancia de que operadores y reguladores puedan comprender cómo estos sistemas llegan a sus conclusiones. La transparencia y la capacidad para explicar las decisiones tomadas por la inteligencia artificial serán, por tanto, factores importantes para extender su utilización.

La automatización también aparece como una herramienta con potencial para afrontar uno de los principales problemas estructurales del transporte por carretera: la escasez de conductores profesionales. Según la encuesta de la IRU sobre la falta de conductores correspondiente a 2025, existen alrededor de 2,9 millones de puestos de conductor de camión sin cubrir en 18 mercados.

El problema generacional es especialmente significativo en Europa. Solo el 5% de los conductores profesionales tiene 24 años o menos, mientras que alrededor de 660.500 conductores podrían jubilarse de aquí a 2030. En este escenario, la inteligencia artificial puede contribuir a aprovechar mejor la capacidad disponible, reducir las tareas administrativas y mejorar la seguridad de los conductores.

La conducción autónoma también podría aliviar progresivamente algunas de las necesidades laborales del sector, especialmente en corredores concretos y entornos controlados. Sin embargo, la IRU advierte de que la utilización a gran escala de camiones totalmente autónomos y sin conductor todavía está lejos. Incluso en operaciones con un elevado nivel de automatización seguirán siendo necesarios profesionales para desarrollar numerosas tareas que forman parte del transporte de mercancías. Entre ellas se encuentran la gestión de la carga, la relación con los clientes, el cumplimiento de la normativa, los procedimientos fronterizos y la respuesta ante posibles incidencias.

El desarrollo tecnológico tampoco elimina la necesidad de incorporar nuevos trabajadores al transporte por carretera. La IRU señala que será necesario continuar trabajando para atraer a más jóvenes y mujeres al sector, facilitar el acceso a la formación y a los permisos profesionales, mejorar las condiciones en los centros de carga y descarga y hacer más atractiva la profesión de conductor.

La automatización puede reducir determinadas cargas de trabajo y mejorar la productividad, pero no sustituye la necesidad de abordar los problemas laborales y demográficos que afectan actualmente al transporte.

Para las empresas de transporte de mercancías por carretera, la inteligencia artificial abre posibilidades importantes en áreas directamente relacionadas con la rentabilidad y la eficiencia: mejores rutas, mayor utilización de los vehículos, menos tiempos de parada, reducción de tareas administrativas y una gestión más precisa de las operaciones.

La transformación, sin embargo, dependerá de que exista una infraestructura tecnológica capaz de conectar los diferentes elementos de la cadena y de que se establezcan reglas claras sobre datos, seguridad, interoperabilidad y responsabilidades.

El planteamiento de la IRU es que la tecnología debe servir para conseguir un transporte más seguro, eficiente y sostenible, pero sin desplazar el papel de las personas. Los sistemas podrán asumir cada vez más tareas, aunque los profesionales continuarán siendo una pieza esencial para mantener en funcionamiento el transporte de mercancías por carretera.

Fuente: IRU

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