Desde el estallido del conflicto contra Irán a finales de febrero de 2026, el precio del barril de petróleo ha registrado una de las escaladas más rápidas de los últimos años, pasando de niveles en torno a los 70 dólares a superar ampliamente la barrera de los 110 dólares en apenas unas semanas.
- Una subida que vuelve a poner en alerta a sectores estratégicos como el transporte por carretera, altamente dependiente del coste del combustible y especialmente sensible a este tipo de tensiones geopolíticas.
De los 70 dólares a superar los 110: una escalada en tiempo récord
Antes del inicio del conflicto, el barril de Brent se mantenía en niveles relativamente estables, situándose entre los 70 y 75 dólares a finales de febrero. Sin embargo, el inicio de las hostilidades marcó un punto de inflexión inmediato.
En los primeros días tras el estallido de la guerra, el precio reaccionó con rapidez, escalando hasta los 77 y 78 dólares. Apenas una semana después, el mercado ya descontaba riesgos mayores, impulsando el barril hasta una horquilla de entre 85 y 92 dólares.
El verdadero salto se produjo durante la primera quincena de marzo, cuando el petróleo rompió la barrera psicológica de los 100 dólares. En ese momento, la incertidumbre sobre el suministro global y la evolución del conflicto dispararon la volatilidad, llevando al Brent a alcanzar picos de entre 109 y 110 dólares, e incluso máximos intradía cercanos a los 120 dólares.
Consolidación en niveles altos y máxima tensión en el mercado
Lejos de tratarse de un repunte puntual, el precio del petróleo ha consolidado su posición en niveles elevados durante la segunda mitad de marzo. Las cotizaciones se han movido de forma sostenida entre los 100 y los 105 dólares, reflejando un mercado tensionado y sin señales claras de relajación.
En los últimos días del mes, la tendencia alcista se ha intensificado de nuevo, situando el barril en el entorno de los 110–115 dólares, con picos que han alcanzado los 116–117 dólares en momentos de mayor incertidumbre.
En conjunto, la subida acumulada supera el 50% desde el inicio del conflicto, un incremento de gran magnitud en un periodo de tiempo muy reducido.
El factor clave: el riesgo sobre el suministro mundial
Detrás de esta escalada se encuentra un elemento determinante: el temor a interrupciones en el suministro global de petróleo. El conflicto ha elevado el riesgo sobre infraestructuras estratégicas y, especialmente, sobre rutas clave para el transporte de crudo.
Entre ellas, destaca el Estrecho de Ormuz, uno de los puntos neurálgicos del comercio energético mundial, por el que transita una parte significativa del petróleo global. Cualquier alteración en esta zona tiene un impacto directo e inmediato en los precios.
El mercado, anticipándose a posibles restricciones, ha reaccionado con fuertes compras, impulsando las cotizaciones al alza en un escenario de elevada incertidumbre.
Impacto directo en el transporte por carretera
Esta subida del petróleo tiene una traducción directa en el coste del gasóleo, principal partida de gasto para las empresas de transporte de mercancías por carretera.
Un incremento de esta magnitud en el precio del barril implica un encarecimiento progresivo del combustible, lo que tensiona los márgenes de las empresas y obliga a trasladar estos costes a la cadena logística.
En este contexto, mecanismos como la revisión automática de tarifas vinculadas al combustible cobran aún mayor relevancia, permitiendo adaptar los precios del transporte a la evolución real del mercado energético.
La evolución del precio del petróleo en las próximas semanas seguirá estrechamente ligada al desarrollo del conflicto. La falta de visibilidad sobre su duración o escalada mantiene al mercado en una situación de alta volatilidad.
Por ahora, el barril se mantiene en niveles no vistos desde anteriores crisis energéticas, confirmando que el factor geopolítico continúa siendo uno de los principales motores del precio del crudo.
