Más de 170 carreteras permanecen cortadas por inundaciones y desprendimientos

El último episodio de lluvias intensas y fuertes rachas de viento registrado en Andalucía ha puesto en evidencia, una vez más, la vulnerabilidad de la red viaria ante fenómenos meteorológicos extremos.

  • La activación de avisos de máximo riesgo ha coincidido con jornadas especialmente complicadas para la movilidad, con numerosas carreteras afectadas por inundaciones, desprendimientos y cortes preventivos.

Para el transporte por carretera, el temporal no solo supone una dificultad puntual, sino un problema operativo de primer orden, especialmente en una comunidad con un elevado peso del tráfico de mercancías y una fuerte dependencia de la carretera para el abastecimiento diario.

Carreteras afectadas y circulación condicionada

Del total de carreteras cerradas al tráfico por las lluvias, 140 se localizan en Andalucía, la comunidad más afectada por la borrasca, según los datos actualizados de la Dirección General de Tráfico (DGT).

En la red principal, permanecen cortadas en Cádiz la A-48 en Vejer de la Frontera en dirección a Tarifa; en Jaén la A-44 en Campillo de Arenas en dirección Granada; y en León la N-VI en Vega de Valcarce en ambas direcciones.

Además, permanecen 34 vías afectadas por nieve, todas de la red secundaria. Trece de ellas están cerradas a la circulación en las provincias de Granada, Asturias, Albacete, Ávila, Salamanca, Zamora, Cáceres y Navarra.

En otras 17 es obligatorio el uso de cadenas (nivel rojo), según los datos de la DGT, que advierte a los conductores que vayan equipados con cadenas o neumáticos de invierno.

Las precipitaciones persistentes han provocado la acumulación de agua en calzadas, desbordamientos de cauces y desprendimientos en taludes, afectando tanto a carreteras secundarias como a tramos de la red principal. En muchos puntos, los cortes se han producido de forma preventiva ante el riesgo de que el firme cediera o se viera comprometida la estabilidad de la vía.

Esta situación ha obligado a desviar el tráfico hacia itinerarios alternativos, que en muchos casos no están preparados para absorber un volumen elevado de vehículos, y menos aún de tráfico pesado. El resultado ha sido una circulación más lenta, con retenciones intermitentes y un aumento significativo de los tiempos de viaje.

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