El intercambio de baterías para camiones eléctricos se perfila como una de las soluciones más prometedoras para acelerar la descarbonización del transporte de mercancías por carretera. Frente a los largos tiempos de recarga y a la falta de infraestructuras de alta potencia, este sistema ofrece rapidez, flexibilidad y eficiencia operativa, aspectos clave para un sector donde el tiempo es dinero.
Un reto clave: electrificar el transporte pesado
La electrificación del transporte de mercancías por carretera aparece como una posible opción al diésel, pero plantea desafíos técnicos importantes: baterías de gran tamaño, tiempos de carga prolongados y una red eléctrica que aún no está preparada para suministrar potencias extremas de forma generalizada.
¿En qué consiste el intercambio de baterías para camiones?
El sistema de intercambio de baterías, también conocido como battery swapping, permite sustituir una batería descargada por otra completamente cargada en apenas unos minutos. En lugar de esperar a que el camión recargue, el vehículo entra en una estación automatizada donde el cambio se realiza de forma rápida y segura. Esta tecnología ya se ha utilizado en otros tipos de vehículos, pero ahora da el salto al transporte pesado.
Resultados del proyecto eHaul
Un estudio liderado por la Technische Universität Berlin ha demostrado que el intercambio de baterías para camiones eléctricos es técnicamente viable y operativamente eficiente. En el marco del proyecto eHaul, se puso en marcha la primera estación automatizada de intercambio de baterías para camiones pesados en Europa, ubicada en Alemania.
Las pruebas realizadas durante dos años han confirmado que:
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El proceso de intercambio puede completarse en menos de diez minutos, con margen para reducir aún más ese tiempo.
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No depende de una conexión eléctrica de megavatios, ya que las baterías se cargan de forma progresiva fuera de los picos de demanda.
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Mejora la disponibilidad del vehículo, reduciendo los tiempos de parada y aumentando la productividad logística.
Y mientras tanto en China …
El pasado 23 de diciembre se inauguró la ruta de battery swapping para camiones pesados más extensa hasta la fecha, con un recorrido de 1.250 kilómetros a lo largo de uno de los principales ejes logísticos del país. Un avance que refuerza el liderazgo chino en la electrificación del transporte de mercancías por carretera.
La nueva ruta se extiende por el tramo Sichuan–Chongqing–Hubei de la autopista Shanghai-Chengdu Expressway, uno de los corredores de mercancías más transitados de China. Esta vía conecta importantes centros industriales y logísticos, lo que la convierte en un escenario ideal para probar soluciones de movilidad eléctrica a gran escala en el transporte pesado.
La iniciativa ha sido desarrollada por Qiji Energy, una empresa especializada en soluciones de intercambio de baterías para camiones pesados y filial del gigante tecnológico CATL. Según la compañía, su red de estaciones de intercambio es compatible con más del 95 % de los modelos de camiones eléctricos pesados que operan actualmente en el mercado chino, un dato clave para garantizar la escalabilidad del sistema.
El proceso de intercambio está diseñado para minimizar al máximo los tiempos de parada, un factor crítico en el transporte profesional. El camión accede a la estación sin necesidad de desacoplar el semirremolque, un aspecto fundamental para mantener la operativa logística. Una vez en posición, las baterías descargadas se extraen automáticamente y se sustituyen por módulos completamente cargados.
A diferencia de los turismos eléctricos, el sistema de Qiji Energy trabaja con baterías modulares. Cada camión puede equipar hasta tres módulos intercambiables, con una capacidad de 171 kWh por módulo, lo que permite ajustar la energía necesaria en función del trayecto y del tipo de carga.
Cinco minutos frente a más de dos horas
Una de las grandes ventajas del battery swapping es el tiempo. La operación completa dura apenas cinco minutos, un margen comparable al repostaje de un camión diésel. En contraste, una recarga equivalente en un punto ultrarrápido podría superar las dos horas, incluso utilizando infraestructuras de alta potencia. Esta diferencia supone un cambio radical para las flotas de transporte, donde cada minuto de inactividad tiene un coste directo.
