El robo de carga y el fraude en el transporte de mercancías están alcanzando niveles preocupantes a escala global. Así lo advierten la International Union of Marine Insurance (IUMI) y la Transported Asset Protection Association EMEA (TAPA EMEA), que han lanzado una llamada de atención a todos los actores de la cadena de suministro ante el crecimiento sostenido de estas prácticas delictivas.
Según ambas organizaciones, el fenómeno no solo aumenta en volumen, sino también en sofisticación, afectando de lleno al transporte por carretera, considerado uno de los eslabones más vulnerables de la logística internacional.
Un problema global con impacto millonario
En los últimos años se han registrado decenas de miles de incidentes relacionados con el robo de mercancías en más de un centenar de países, con pérdidas económicas que ascienden a miles de millones de euros. Europa, América y África figuran entre las regiones más afectadas.
El transporte terrestre concentra buena parte de estos delitos. Los camiones siguen siendo un objetivo prioritario, especialmente en áreas de descanso poco seguras, parkings industriales y centros logísticos. Sin embargo, el sector afronta ahora una amenaza añadida: el fraude documental y digital.
Las consecuencias van mucho más allá del valor de la carga sustraída. El impacto incluye interrupciones en la cadena de suministro, penalizaciones contractuales, aumento de primas de seguro y pérdida de confianza entre clientes y operadores.
Del asalto físico al fraude digital
Tradicionalmente, el robo de mercancías se asociaba a asaltos directos: emboscadas a vehículos, intrusiones en almacenes o sustracciones durante paradas nocturnas. Hoy, el escenario ha cambiado.
Las organizaciones advierten de un fuerte incremento del llamado fraude del “transportista fantasma”. En estos casos, los delincuentes crean empresas ficticias o suplantan la identidad de operadores legítimos para obtener contratos de transporte. Con documentación aparentemente válida y comunicaciones profesionales, logran que la mercancía se entregue de forma voluntaria. Una vez recogida, desaparece sin dejar rastro.
Este tipo de fraude aprovecha la digitalización del sector y la contratación online de servicios de transporte. El uso de dominios web casi idénticos a los originales, correos electrónicos falsificados y documentación manipulada dificulta la detección del engaño.
El resultado es especialmente grave en el transporte por carretera, donde la agilidad en la contratación y la presión por cumplir plazos pueden reducir los controles previos.
El transporte por carretera, en el punto de mira
El sector del transporte de mercancías por carretera se encuentra en una posición delicada. La elevada fragmentación empresarial, la subcontratación en cadena y la operativa transfronteriza generan un entorno propicio para la infiltración de operadores fraudulentos.
Además, el incremento del valor medio de las cargas —electrónica, productos farmacéuticos, alimentación de alto valor o componentes industriales— convierte cada envío en un objetivo atractivo.
Por ello, las entidades firmantes insisten en que la prevención debe convertirse en una prioridad estratégica para transportistas, cargadores y operadores logísticos.
Reforzar controles y profesionalizar la verificación
Entre las recomendaciones más destacadas se encuentran:
- Verificar de forma exhaustiva la identidad y las credenciales de transportistas y conductores antes de cada servicio.
- Confirmar cambios de última hora mediante canales previamente validados.
- Implantar sistemas de seguimiento en tiempo real y protocolos de reacción ante desvíos de ruta.
- Reforzar la ciberseguridad en plataformas de contratación y gestión de cargas.
La advertencia es clara: el crimen organizado está evolucionando al mismo ritmo que la logística. En un contexto de creciente digitalización y presión operativa, solo una combinación de control, tecnología y colaboración sectorial permitirá frenar el avance del robo y el fraude en el transporte de mercancías.
