El precio medio del litro de gasóleo en España ha regresado ya a los niveles registrados en los días previos a la rebaja fiscal aplicada por el Gobierno en 2022, según un análisis reciente de Facua-Consumidores en Acción. Este repunte supone un factor de presión directa sobre los costes operativos de las empresas y autónomos del transporte de mercancías por carretera, especialmente para quienes dependen del gasóleo profesional como principal input de su actividad.
De acuerdo con los datos difundidos por Facua, el precio medio del litro de gasóleo en febrero de 2022 se situaba en 1,479 euros. Tras la invasión de Ucrania y la escalada de los precios energéticos, el Gobierno aprobó una bonificación generalizada de 20 céntimos por litro de carburante, en vigor desde el 1 de abril hasta el 31 de diciembre de ese mismo año.
En su informe comparativo, la organización de consumidores señala que, a comienzos de abril de 2022, justo antes de la entrada en vigor de la bonificación, el precio del gasóleo era similar al actual. Es decir, el nivel de precios alcanzado recientemente sitúa de nuevo el coste del repostaje en el entorno previo a la aplicación de la ayuda fiscal, pero esta vez sin contar con la protección que supuso aquella medida temporal.
Para quienes trabajan en el transporte de mercancías por carretera, esta situación se traduce en un encarecimiento directo de los costes variables por kilómetro. El combustible puede suponer entre el 30 % y el 40 % de los costes totales de explotación, dependiendo del tipo de vehículo, rutas y carga.
Sin la bonificación de 20 céntimos por litro, cada repostaje de un vehículo pesado de largo recorrido implica ahora un desembolso sensiblemente mayor. Para un camión con un depósito de 1.000 litros, la diferencia equivalente a esa bonificación podría situarse en torno a 200 euros por llenado, una cifra que, multiplicada por la frecuencia de repostajes mensuales, tiene un impacto notable en la rentabilidad de las operaciones.
Facua ha advertido de que el encarecimiento del gasóleo y de la energía en general continúa tensionando el presupuesto de hogares y sectores intensivos en consumo energético, como el transporte, la logística y la distribución de mercancías. La organización insiste en la necesidad de una mayor supervisión del mercado de carburantes para evitar prácticas que pudieran resultar abusivas.
Además, el análisis de la asociación se enmarca en un contexto en el que los costes del transporte siguen condicionados por múltiples factores: volatilidad en los precios internacionales del petróleo, cambios regulatorios medioambientales, presión para la transición hacia flotas menos contaminantes y una competencia intensa en las tarifas de transporte. Esto se traduce en una menor capacidad de absorber incrementos de costes sin repercutirlos en el cliente.
El retorno del gasóleo a los niveles previos a la rebaja fiscal obliga a revisar con detalle la estructura de costes. Si gestionas rutas regulares, resulta clave actualizar tus cálculos de coste por kilómetro y valorar la necesidad de ajustar tarifas o suplementos por combustible (fuel surcharge) en tus contratos de transporte.
Asimismo, este escenario pone de relieve la importancia de optimizar el consumo de combustible mediante una conducción eficiente, planificación de rutas más precisas, mantenimiento preventivo de los vehículos y, cuando sea posible, la renovación progresiva de la flota hacia camiones más eficientes. En un contexto de precios altos y volátiles, cada reducción marginal en el consumo puede marcar la diferencia en la cuenta de resultados.
Con el gasóleo de nuevo en niveles previos a la bonificación de 2022 y sin una ayuda similar actualmente en vigor, el sector del transporte de mercancías se enfrenta a un escenario en el que la gestión fina de los costes de combustible se vuelve más determinante que nunca para mantener la competitividad y la continuidad del negocio.
