La autopista AP-7, una de las principales arterias viarias del país, permanece cortada en sentido sur a la altura de Martorell tras detectarse un riesgo de derrumbe en la infraestructura. La decisión, adoptada por el Servei Català de Trànsit, responde a criterios estrictamente de seguridad, pero vuelve a poner de relieve la fragilidad de la movilidad en Cataluña, especialmente para el transporte de mercancías por carretera.
Un cierre preventivo con fuerte impacto logístico
El corte afecta a un tramo clave de la AP-7, corredor esencial para el tráfico pesado que conecta el arco mediterráneo. La medida se ha tomado tras un accidente ferroviario cercano que ha generado inestabilidad en el terreno, lo que podría comprometer la seguridad de la vía.
Desde Trànsit se ha optado por cerrar completamente la calzada en dirección sur, una decisión que, aunque necesaria, está provocando retenciones significativas y desvíos obligatorios, con especial incidencia en camiones y vehículos industriales.
Martorell, un punto estratégico en el mapa del transporte
El municipio de Martorell es un nudo logístico de primer orden, donde confluyen autopistas, autovías y líneas ferroviarias. Cualquier incidencia en este punto tiene un efecto dominó inmediato sobre la red viaria catalana.
Las empresas de transporte denuncian ya retrasos en las entregas, aumento del consumo de combustible y dificultades para cumplir los tiempos de conducción y descanso, un problema recurrente cada vez que la AP-7 sufre un corte o una restricción prolongada.
Desvíos y rutas alternativas: más kilómetros, más costes
Para aliviar la situación, las autoridades recomiendan itinerarios alternativos como la A-2, la C-32 o la N-340. Sin embargo, estas vías no están diseñadas para absorber de forma sostenida grandes volúmenes de tráfico pesado, lo que incrementa el riesgo de congestión y accidentes.
Cada desvío supone más kilómetros, más horas al volante y un sobrecoste directo para las empresas de transporte, en un contexto ya marcado por el encarecimiento del combustible y la presión sobre los márgenes.
Por el momento, no hay una fecha concreta para la reapertura del tramo afectado. Los técnicos continúan evaluando la estabilidad del terreno, mientras transportistas y cargadores se ven obligados a reorganizar rutas y horarios.
