La actual coyuntura en el mercado de combustibles está encendiendo las alarmas en todo el sector del transporte por carretera. La escasez de diésel y queroseno se está agravando a nivel global y todo apunta a que el próximo verano podría venir acompañado de una fuerte tensión al alza en los precios, afectando de lleno a la actividad del sector.
En los últimos meses, las reservas mundiales de combustibles destilados medios, como el diésel, se han ido reduciendo de forma progresiva. Los inventarios se sitúan ya por debajo de la media de los últimos años, especialmente en Europa y Estados Unidos, dos regiones clave para el equilibrio del mercado. Esta disminución de existencias coincide con un aumento sostenido de la demanda, impulsado por la recuperación económica, el repunte del transporte de mercancías y la actividad industrial.
Para el transporte de mercancías por carretera, este escenario es especialmente sensible. El diésel sigue siendo el combustible mayoritario en el transporte pesado, y cualquier movimiento brusco en su cotización se traslada de forma casi inmediata a los costes operativos de las empresas. A esto se suma que la capacidad de refino disponible no está creciendo al ritmo necesario, debido tanto al cierre de algunas instalaciones en los últimos años como a la falta de nuevas inversiones significativas.
Una de las claves de la actual situación es la insuficiente capacidad de refino para producir diésel y queroseno. Muchas refinerías europeas han reducido su actividad o han cerrado definitivamente, mientras que otras se están adaptando para producir más biocombustibles y menos combustibles fósiles tradicionales. Esta reconversión, aunque necesaria en términos de descarbonización, está generando cuellos de botella a corto y medio plazo.
Además, la guerra en Ucrania y las sanciones a Rusia han transformado por completo los flujos internacionales de crudo y productos refinados. Europa ha perdido un proveedor histórico de diésel barato y ha tenido que recurrir a mercados más lejanos, como Oriente Medio, Estados Unidos o Asia, para cubrir sus necesidades. Esto implica mayores costes logísticos y una mayor vulnerabilidad ante cualquier interrupción en la cadena de suministro.
De cara a los próximos meses, los analistas coinciden en que la demanda de diésel y queroseno aumentará con fuerza durante la temporada estival. El incremento del tráfico por carretera, el turismo y la actividad aérea presionará aún más un mercado ya de por sí ajustado. Esta combinación de baja oferta y alta demanda es el caldo de cultivo perfecto para nuevas subidas de precios.
En este contexto, los márgenes de refino del diésel se están ampliando respecto a los de la gasolina, reflejando la escasez relativa de este producto. Para ti, como profesional del transporte, esto se traduce en un coste del combustible más volátil y, previsiblemente, más elevado a medida que avance el verano. Muchas compañías ya están ajustando sus tarifas y recargos por combustible para intentar compensar este incremento.
Para el sector del transporte de mercancías por carretera, la factura energética representa uno de los principales capítulos de gasto. Un entorno de precios altos y volátiles dificulta la planificación y complica la negociación de contratos a medio y largo plazo. Al mismo tiempo, la situación actual está acelerando el interés por alternativas de eficiencia y diversificación energética.
Muchas empresas están apostando por la renovación de flota hacia vehículos más eficientes, la optimización de rutas, el uso de herramientas telemáticas para reducir consumos y, en algunos casos, la exploración de combustibles alternativos. Sin embargo, en el corto plazo, el diésel seguirá siendo insustituible en la mayor parte del transporte pesado, por lo que la exposición a esta tensión de precios continuará siendo muy elevada.
