JUEGO DE TRONOS… Y TRONADOS

La CNMC ha emitido su informe sobre el Proyecto de Real Decreto (PRD) por el que se modificará el Reglamento de la Ley de Ordenación del Transporte Terrestre (ROTT) y de nuevo se irroga una suerte de auctoritas que nacida de la más absoluta ignorancia de la realidad, incluso de la ley, hace ver lo que en realidad son los miembros de dicho organismo: unos calvinistas que no ven más allá de sus propias narices, pero que cuentan con una vara con la que atizan indiscriminadamente a los “infieles”.

 

Sí, lo han adivinado, nos referimos a la “advertencia” que lanza el regulador de la competencia sobre el Comité Nacional de Transporte por Carretera, de los riesgos que provoca para la misma y sobre el “colaboracionismo” de la Administración con dicha entidad.

 

Lo dicho, sólo la  ignorancia de lo que significa para el transporte el CNTC puede llevar a hablar de riesgos por su funcionamiento. Aquellos que lo conocen, sin embargo, saben que el CNTC no supone riesgo para nada más que para los propios transportistas. Se trata poco menos que de una jaula de grillos al que el Ministerio oye, pero no escucha, que se supone que representa a los transportistas, pero donde quien corta el bacalao no tiene rueda alguna y que a lo sumo sirve para poner algún recurso contencioso en los poquísimos temas en que muestra un poco de unidad, pero en el que lo normal es que cada cual hable de su libro y critique al de al lado, cuando no trata de devorarlo.  En lo único que están de acuerdo es en canalizar los recursos para la formación, pero, por supuesto, están en desacuerdo unos con otros y con el Ministerio en el reparto. Y nada más. Ni siquiera sirve para representar a la patronal del transporte en las negociaciones del Acuerdo Marco, para lo que vendría que ni pintado, pero ello significaría que quien ostenta el poder (y todo lo que conlleva económicamente) lo perdiera. Si la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia quiere que el Comité Nacional de Transporte por Carretera no tenga influencia en las decisiones del regulador debería pedir que se quede como está.

 

Lo que no puede tampoco pasar, por mucho que lo pidan los calvinistas es que desaparezca del ROTT porque, simple y llanamente, no es una entidad creada por éste, sino por la propia Ley de Ordenación del Transporte Terrestre, y para suprimirlo haría falta que se modificara la Ley. Seguramente la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia querría ser ella quien hiciera y deshiciera en la legislación para adecuarla completamente a la “ortodoxia”, pero gracias a Dios a ellos no les ha votado nadie, ni Dios tampoco.

 

Xabier Jiménez soto

Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración y Periodismo por la Universidad Cardenal Herrera CEU.

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